Toda la historia de las hojas damasco

Del origen antiguo al saber hacer

Las primeras hojas de acero damasquinado se producen en India y en Oriente Medio a partir del acero wootz elaborado en India. Se trata de un acero particularmente rico en carbono. Las hojas producidas con la ayuda de este acero presentan sublimes motivos jaspeados únicos, creados por la cristalización del metal. Son estos motivos los que, además de la calidad intrínseca del material, han contribuido a la fama de la hoja de acero damasco.

Durante las cruzadas, los francos alababan estas hojas que les parecían indestructibles. La producción se interrumpe no obstante en el siglo XVII debido al agotamiento de los recursos, de la débil transmisión del saber hacer mantenido demasiado secreto, y de las dificultades de aprovisionamiento. En el siglo XIX, los progresos de la metalurgia permiten dar vida de nuevo a este saber hacer por medio de los trabajos de un inspector de la Oficina de monedas de París: Jean-Robert Bréant.

Una técnica de fabricación de primer plano

En su versión artesanal moderna, el acero damasquinado se produce por superposición de diferentes aceros, más o menos duros, más o menos ricos en carbono, de ahí su nombre: "acero multicapas". Los decorados ya no proceden de la cristalización sino que son el resultado intencional del trabajo del herrero.

Procede generalmente a partir de dos o tres tipos de aceros (duro, blando, carbono, níquel, etc), que selecciona en función de consideraciones estéticas y técnicas, y que suelda en caliente por martillados sucesivos: es la técnica del corroyado.

Una vez finalizada la fase de corroyado, es momento de proceder a la revelación de los motivos. Para hacerlo, se aplica un producto, generalmente ácido, sobre la hoja de acero damasco. Siendo los aceros diferentes, el ácido no actuará con la misma intensidad sobre todos y es esta diferencia de intensidad la que revelará los motivos.

Una versión industrial: La metalurgia de los polvos

El acero damasquinado se produce hoy en día también de forma industrial gracias a la metalurgia de los polvos. Es una tecnología reciente basada en un saber hacer ancestral. El acero obtenido ya no se realiza por fusión de diferentes aceros sino por sinterizado: se calienta un polvo (o un conjunto de polvos para el damasco) para llevarlo hasta la fusión, ¡como hacían los primeros alfareros!

Esta tecnología, permite crear aceros damasquinados de un grano extremadamente fino y regular, con decorados muy variados y controlados.

¿Por qué adquirir una hoja de acero damasco?

Cualquiera que sea el método de fabricación, los aceros damasquinados presentan en primer lugar motivos únicos que constituyen por sí solos una excelente razón de poseer una de estas hojas.

Del lado técnico y funcional, las hojas damasco son también ricas en carbono, lo que les confiere una resistencia aumentada y un filo excepcional, apreciados tanto en cocina, como en la mesa... ¡o en la caza!

Este artículo trata de las hojas damasco en general y no de las vendidas en este sitio.